jueves, 25 de abril de 2019

Alamedas

Alguna vez
alguien me nombró
poetisa
anarquista
musa inspiradora
espíritu libre
y así hube de ser
por entonces.
Y evocó
que sus versos
y aquella musiquita
"a ti te pertenecen,
pues de tu piel
y tu verbo
salieron".
Y en los albores
de otra de mis otras
me interpeló
que por qué
tanta ausencia.
No hubiésemos
creído
por aquellas
avenidas de Boedo
que un día
no quedaran
ni las alamedas
que soñábamos
crecían
en nuestra
distancia
intermitente
florecida
de gerundios.
Yo buscaba
en cambio
lo que se construye
y no
lo que habita
ese bosque de silencio.
Pero es que
tampoco
sabía
que lo buscaba.
Ahora,
simplemente
un recuerdo torpe. Aquella otra
que ya no es
ni esta
se interpela
por qué
tanta ausencia,
no de alamedas
ahora,
sino
que es otra
también
la distancia,
que es otro
también
el que duele,
que va a volver
a ser otro
cualquier
día
de estos.

martes, 23 de abril de 2019

Casi cuatroscientos días

Si después de tanto tiempo la herida todavía supura, si todavía no cicatriza ni se recupera del todo, si ya no hay rehabilitación posible no sé qué más debería haber. Será que como dicen las viñetitas del Grego, el amor para un salero más que incondicional es pluscuamperfecto. Y ahí se estalactizan todas las metáforas del mundo: sólo imágenes de un pasado anterior al pasado mismo pueden ser esa cosa análoga a la ternura, a nuestras miradas cómplices primeras, a nuestras sonrisas de sólo el uno para el otro y la cofradía también de los tuyos y los míos que nos sabían igualmente el uno para el otro, como dos niños tontos que no hacen más que jugar un mismo código como fuera el nuestro, de chocolates con maní y pedales en dirección oeste. Si yo sé bien que no me voy a poder desprender nunca del todo de nuestras osadías de ciclismo nocturno rodeando la terminal por Santa Fe y Avellaneda hasta la cortada, ni de la tendida de ropa para que no se pudra con ese gesto de desenfado que heredabas de tu vida nómade aunque entonces querías anclas. Y que las anclas no alcanzaban ni alcanzarían a ninguna parte porque tu espíritu inquieto te seguiría llevando, de la amarra de mi amor incondicional hacia la inseguridad de que algo tan firme sufriera terremotos que eran sólo espejismos de los fantasmas de un mal sueño de tu pasado, y que los volviste ciertos nada más que para darles sentido emigrando como las palomas el día que sin saber bien por qué te ibas de nuestro nido para siempre. Aunque ni sabíamos que sería otra vez para siempre.

Ocas(i)o-nal

Entre el fin de tu duda
y el principio de tus ganas
hubo algo,
alguna vez...
nuestro,
cómplice,
fugaz.
Lo nombro todo.
Instante tras otro
mi boca va pariendo el mundo.
Significo,
adentro mío
el vendaval de palabras
que juega
a crecer y a derrumbarse.
Miro ahí adentro,
donde la oscuridad
es más grave
y el verbo
no alcanza.
Busco,
todavía,
algo que soñar
de a dos
por las veredas del ocaso.