domingo, 5 de junio de 2022

Sensaciones usadas

 Siempre fue en la deshora

que se me dio la tinta,
siempre por sobrevivir,
porque apenas nada más podía esperarse.
Quizás borrarse el rostro,
quizás sobreescribirlo,
como un código
pero inefable.
Y ahora parece un destino,
lo burdo de las posibilidades.
Vivir para escribir
fue un hecho un día,
vivir de escribir
era un noble deseo
por entonces.
Y ahora que me piden que escriba,
ahora que esperan de mi
un santo y seña
y unas teorías aplicadas,
y cosas de la gramática
de la que nunca fui devota,
porque la retórica es otra cosa
y la poesía es cosa aparte,
y porque a mí,
lo único que me importa es poemar
pero no puedo
por hija del destino
y el capital
y así las cosas
y sin embargo, me piden,
niña, escribe,
y escribo,
y tengo que identificar
gente que no sabe ser identificada,
y tengo que vender, sin querer vender vendiendo,
que ese anhelo es lo que es,
y no otra cosa
y tengo que escribir
para decir
tu puedes
valer lo que un recuerdo
y más que ello.
Tengo que decir,
esto entonces
quiere decir la emoción,
quiere decir comprar.
Quiere decir que quisiera
escribir otras cosas
pero esto es lo mejor que puedo
escribir para el mercado
y tratar, vivir, tratar, tal vez,
de vivir, tratar, sobrevivir,
tal vez, de ello.

domingo, 20 de febrero de 2022

Patio

 Me reposo en el ser,

me tiendo ante la nada;
todavía reparo
el verde próspero,
los cítricos, los nogales y los pájaros,
el ritmo de las hormigas al que adecuarse
ahora que llueve pero no moja,
lo que hace el tiempo con sus frutos.
No tengo más dios
y todavía llega la cosecha,
su especial proceso comprensivo,
la ilusión del arco iris
no dirá, como nada dice la luna
y sus órbitas geométricas de blancura,
lo que sólo puede decir el poeta,
este páramo donde retirarse,
naufragar entre los pensamientos 
del siglo pasado,
entender:
nada 
de lo que vale
la pena
puede 
durar
demasiado.