sábado, 13 de diciembre de 2014

Sobrevienes

La silla se quebró
porque no hay quien se ofrezca
a su sed de habitación.
Al cien te veo bajo el árbol,
es de noche,
nadie más verá tu coraza
desde mi balcón.
Y si te veo en el boulevard
esta vez
es que tengo que callarme.
Nadie ama al río
por sus transformaciones
y el fuego se apaga
cuando salís de la cripta
que te enciende, fogonero.
Me desnudo ante esta lluvia
y se moja la Otra
que es genuina.
Si las estacas
no me dejan salir
de la tormenta,
habrá que ponerle
puntos suspensivos
a los días que pasaron
y dejar que siga
sucediéndose el gerundio.
Me duele algo que no existe
y no hay metáfora
que pueda arrancar todo
lo que voy a guardar
en los cajones
que un día me van a interpelar,
cuando la soledad
se haga carne
y te pregunte a vos también
por qué no llorás un poco.

martes, 9 de diciembre de 2014

La plaza está vacía.

(A Serena, 
mi pequeña hermana gigante, 
mi regalo de la vida.)

Y el tiempo no alcanzó
para terminar con
las trilogías
y las distancias.
Cuento ahora,
¿cuántas plazas
nos separan
de este abrazo?
La vida está
arremolinándose
en el pecho
cada vez
que la dama infame
responsabilidad
me llama a otro sitio,
a otras ciudades,
donde no estarán
ni el amor
ni tu abrazo
ni tus manos pegajosas
ni tus piernas que me enredan
en juegos que no descifro
ni tus ojos de niña Poi
que me devuelven
mi propia niña
desdibujada
en el tiempo
que no perdona
a nadie.