martes, 17 de septiembre de 2019

Tarjeta roja

En un almanaque
de mutilaciones
donde los días
ni siquiera
trastabillan,
donde las horas
no enfilan
y se cuentan
más que
como transcurrir
volátil,
como todo aquello
que carece
de causa
y consecuencia
real y aparente,
como todo espejismo
o charco de agua
en medio del barrial,
así tu espejo
empañado
de suspiros
ansiolíticos
que empuñan
la sombra
del cuchillo
-ya no ese filo,
ni siquiera
esa dignidad
de la llaga
supurante-
no devuelve
a mi idéntica,
ni a la Otra,
ni a ninguna.
Hay
el espacio
vacío
del ejecutado,
el horror
espasmódico
del silencio
detrás del grito
recrudeciente
que ya ha callado,
ni siquiera la lágrima,
ni siquiera el bonete
abollado,
ni siquiera
la solapada
tristeza
del grillo
inmóvil por el susto,
ni siquiera
el acuse de la falta,
ni siquiera
el decoro
de asumir
que me olvidé
tu rostro

y también de mí.

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