lunes, 13 de mayo de 2013

Ausentes de turno.


Clemencia,
en las horas feroces
no te encuentro.

¿Qué haré con la tibieza de mi oficio?
¿Dónde caerán en este instante sus ojos de pájaro?

El absurdo suceder de los días
corrompen lo que queda de mi inocencia.
Quisiera besarte.
El mundo manda a sacar turno
para besar.
Hay abismo.

La torpeza del reloj
invoca tu bondad desde la ausencia,
sucumbes ante ella.
Entonces
se aflige mi aliento.

Del calor
la humedad que en todo vive,
después
el invierno florecerá con su muerte.

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