No sé si sea esta fortuna
de pararse en el medio del patio,
en el medio de la última tormenta,
contemplando este cielo en blanco y negro
de rayos que deshacen a la noche
e iluminan la ciudad asediada por la muerte.
No sé si sea esta fortuna
de los días por venir
renaciendo
de esta noche interior
que me ha crecido,
de miradas cómplices,
de vos llegando hasta mi abrazo
de una vez por todas.
Me vale que sea este misterio
de salvarse de la máquina un ratito,
de ganarle una mano a esta baraja,
de sentirme descalza todavía.
jueves, 6 de agosto de 2015
jueves, 30 de julio de 2015
Lo inminente
Después de todo, las cosas no estaban tan mal. Yo había
tomado malas decisiones, es cierto. Lo
había elegido antes. En la última retrovisión, todo lo que no iba a ser en mi
madre quedaría en el pasado, yo ocuparía el lugar de un olvido hasta que lo
superara la emulación de otra vivencia no consumada. Una suerte de no devenir
del tiempo. Y qué va? Después de todo, las cosas no estaban tan mal. Tal vez
los cambios que se sucedían eran tan minúsculos como imperceptibles y nosotros
todavía creábamos la ilusión de que el individuo era un lugar para estar a
salvo y otro impulso concedía que no, que no somos más que miguitas en una
plaza enorme donde a lo mejor hay palomas. Eso escuché decir a una señora.
Después de todo, las cosas no estaban mal.
lunes, 1 de junio de 2015
Diálogos internos de vos (Conmigo)
Silvio siempre vuelve. Aunque no esté de moda en estos días. Nunca va a importar a qué hora llegues, seguramente estaré contando baldosas en otra parte. Y sin embargo, soy siempre adverbio, de modo que después siempre será mientras tanto hasta que no me juegue el verbo que preceda al que nos va a interrogar por última vez.
Nuestro verbo no será nuestro, no será gerundio. Hoy mi deber era, otro que esto de cantarle a la patria de muertos y excesos leídos en esa borra de café de las tres de la mañana que daba inicio a esta suerte de desamparoanhelo para todos los días por venir. Me gustan las calles con adoquines y todas las esquinas europeas, no me gusta la necesidad de financiar platos de comida con sonrisas y monedas en los semáforos y enseguida termino sonriendo igual. No tengo nada para dar. Yo vengo a ofrecer mi corazón.
Ayer las casualidades y los misterios de volver a bienvenirnos. Ayer un globo rojo, como el que pusiste una noche oscura en mi balcón. Ayer, toda la semana. Así es la intensidad, como la noche oscura y como el globo rojo. Un niño dormía siestas ante mis plegarias. Dos niños jugaron una vez hasta reinventarse. El miedo es eso que se arremolina en mi callejón sin salida. El puente amarillo tiene un sol propio y es el de Facundo. Todos los amores de mi vida condensados en las pupilas de tus ojos que siempre van a brillar. Todas las veces eras vos y eran otras las manos que dibujaban la caricia. Anoche el taxista escuchaba jazz. Dolores in a shoe stand. Yo anotaba en un rincón de mi mente que mi memoria siempre va a fallar. ¿En qué se habrán convertido mis viejos zapatos? Las despedidas son un punto de partida, yéndote sos punto de fuga. Pero siempre vas a estar entre mis líneas que desnudan lo que llevo acá en medio del pecho.
Al final siempre estoy reescribiendo un mismo texto inútil. Nunca voy a dar con la nota necesaria. Esto es el eterno no tener(te). Después de todo está la misma hoja en blanco invariablemente. Y esta silla que se hunde. Después de todo, nunca me animo a escribir un final. Entonces somos puntos suspensivos. Si no me animo a cerrar la historia es porque me da terror la idea de que un día tu fantasma se vaya. A veces el espanto es que esta duda se me disfrace de certeza y que seas vos, inalcanzable, lo único que pude desear en esta vida. ¿Qué poeta imberbe me trastocó en mujer de un solo deseo? Mientras tanto nos sucede la vida, sin abecedarios que escriban la palabra plural de una vez por todas. Nosotros, que quizás no seamos el uno para el otro, le robamos a la ausencia un verso que nos nombre juntos. Y sin embargo nos pasamos de largo en cada esquina que podríamos encontrarnos. Mucho más allá de esto que somos si es que somos, he tomado malas decisiones. A veces se vuelve gracioso ver cómo alcanzo la frontera del absurdo. ¿Y si nos vamos anticipando de sonrisa en sonrisa hasta la última esperanza? El año que nací, Silvio escribía “Hacia el porvenir partieron sombras”. Mi sombra vive sacando boletos de tren. En el último coche voy yo, desnuda y sin inventos. Al final del viaje, partiremos de nuevo. Después de todo, habrá otros brazos que nos reciban.
Al final siempre estoy reescribiendo un mismo texto inútil. Nunca voy a dar con la nota necesaria. Esto es el eterno no tener(te). Después de todo está la misma hoja en blanco invariablemente. Y esta silla que se hunde. Después de todo, nunca me animo a escribir un final. Entonces somos puntos suspensivos. Si no me animo a cerrar la historia es porque me da terror la idea de que un día tu fantasma se vaya. A veces el espanto es que esta duda se me disfrace de certeza y que seas vos, inalcanzable, lo único que pude desear en esta vida. ¿Qué poeta imberbe me trastocó en mujer de un solo deseo? Mientras tanto nos sucede la vida, sin abecedarios que escriban la palabra plural de una vez por todas. Nosotros, que quizás no seamos el uno para el otro, le robamos a la ausencia un verso que nos nombre juntos. Y sin embargo nos pasamos de largo en cada esquina que podríamos encontrarnos. Mucho más allá de esto que somos si es que somos, he tomado malas decisiones. A veces se vuelve gracioso ver cómo alcanzo la frontera del absurdo. ¿Y si nos vamos anticipando de sonrisa en sonrisa hasta la última esperanza? El año que nací, Silvio escribía “Hacia el porvenir partieron sombras”. Mi sombra vive sacando boletos de tren. En el último coche voy yo, desnuda y sin inventos. Al final del viaje, partiremos de nuevo. Después de todo, habrá otros brazos que nos reciban.
lunes, 25 de mayo de 2015
El eterno no tener, la nota necesaria
Acá es donde la realidad no alcanza. Acá, el medio del pecho. La poesía no es poesía-fuente, no emana de un emisor concreto. (Soy un sobreviviente.) Sino que proviene de la conjunción de la plasticidad de la imagen pictórica y la música. En este guión estás ausente pero es vital que seas cierto. Los zapallos se van a secar un día.
En el mar flotan las camas de los desamparados. Mi cama no flota, es como la de Oliverio, tiene un botón que te manda del otro lado, no es justo del lado oscuro del corazón sino del lado de los olvidos, aunque acaso sea el mismo lado. Esto no es una elegía, ni un epitafio ni un verso. Es sólo una nota, la nota necesaria. No voy a poder nombrarte y digo, luz amarilla o whisky, otoño, gato azul, nubecita, vaso de vino tibio. Pido un espacio y hay abismo, la hoja en blanco no tiene puntos finales, no tiene siquiera tres puntos suspensivos. En el reverso, el mundo. Las bocas de subte con tipos durmiendo de noche. La violencia y la mansedumbre de la ciudad latiendo con la misma furia con que jadean las fieras. El invierno y sus fusiles apuntando otra parte del mapa. El sol ocultándose por el poniente del oriente y amaneciéndonos el hemisferio en el momento justo en que los amantes se despiden o en el momento en que yo termine estas mismas líneas que no sé a dónde se dirigen.
Los zapatos se van a secar un día. Después de la última lluvia que se desdobla, que cae sobre la que no soy. Que no es en mí, sino después de mí, lo que es igual a decir que me precede, la que me da origen a esta que soy y que sigue intentando encontrar la palabra precisa, el verso pletórico de sentido, la imagen difusa pero atinada.
De todas formas hubieras dicho poco. Ahí donde tuvo más peso una mirada, la sorpresa de que cerca fuera un deseo consumado, la certeza de que hay sillas que dan vueltas, que no paran, la incertidumbre misma que es el miedo de verte en el centro de una plaza cualquiera, la necesidad que no fueron los viajes que no fueron, sino la mudanza que nunca fue por vos ni por mí ni por nadie.
No sabía entonces qué puerta ibas a abrirme. Me estaba amortajando en estos mismos dilemas existenciales que me tenía preparados desde entonces. Soy la rabia y el miedo de reescribirme, de no salir nunca de este burdo recelo. De saber incluso cuál es la respuesta, entonces es este terror de anticiparme.Y que esta búsqueda no sea de mí sino de vos del otro lado. Que por otro y no por mí pase la abnegada conciencia. Y el miedo de encontrarte o reencontrarme, y saber que no había otra manera, que no se puede esquivar al destino que nos tiene de antemano reseñados y prescritos el uno como remedio del otro.
Y sin embargo, me aquieto e intento conformarme con mi nimio lugar de musa silenciosa. No eran a mí a quien fueran dadas en gracia las prosternadas damiselas. Ellas dirigen su apetito arbitrariamente y no soy yo más que un artífice de vuestro deseo. Entonces no devengo medio sino objeto de la inclinación de otras formas, en que la divina estirpe del excelso azar me ha vuelto muda observadora. Ya no profiero declamaciones de mi amor infortunado sino me atengo a ser espectadora de tus otras fortunas lejos de mi alcance.
"Y será entonces y sólo entonces, cuando estemos preparados para renunciar a las palabras que no se necesitan (...) que por fin sabremos que hemos aprendido a amar."
En el mar flotan las camas de los desamparados. Mi cama no flota, es como la de Oliverio, tiene un botón que te manda del otro lado, no es justo del lado oscuro del corazón sino del lado de los olvidos, aunque acaso sea el mismo lado. Esto no es una elegía, ni un epitafio ni un verso. Es sólo una nota, la nota necesaria. No voy a poder nombrarte y digo, luz amarilla o whisky, otoño, gato azul, nubecita, vaso de vino tibio. Pido un espacio y hay abismo, la hoja en blanco no tiene puntos finales, no tiene siquiera tres puntos suspensivos. En el reverso, el mundo. Las bocas de subte con tipos durmiendo de noche. La violencia y la mansedumbre de la ciudad latiendo con la misma furia con que jadean las fieras. El invierno y sus fusiles apuntando otra parte del mapa. El sol ocultándose por el poniente del oriente y amaneciéndonos el hemisferio en el momento justo en que los amantes se despiden o en el momento en que yo termine estas mismas líneas que no sé a dónde se dirigen.
Los zapatos se van a secar un día. Después de la última lluvia que se desdobla, que cae sobre la que no soy. Que no es en mí, sino después de mí, lo que es igual a decir que me precede, la que me da origen a esta que soy y que sigue intentando encontrar la palabra precisa, el verso pletórico de sentido, la imagen difusa pero atinada.
De todas formas hubieras dicho poco. Ahí donde tuvo más peso una mirada, la sorpresa de que cerca fuera un deseo consumado, la certeza de que hay sillas que dan vueltas, que no paran, la incertidumbre misma que es el miedo de verte en el centro de una plaza cualquiera, la necesidad que no fueron los viajes que no fueron, sino la mudanza que nunca fue por vos ni por mí ni por nadie.
No sabía entonces qué puerta ibas a abrirme. Me estaba amortajando en estos mismos dilemas existenciales que me tenía preparados desde entonces. Soy la rabia y el miedo de reescribirme, de no salir nunca de este burdo recelo. De saber incluso cuál es la respuesta, entonces es este terror de anticiparme.Y que esta búsqueda no sea de mí sino de vos del otro lado. Que por otro y no por mí pase la abnegada conciencia. Y el miedo de encontrarte o reencontrarme, y saber que no había otra manera, que no se puede esquivar al destino que nos tiene de antemano reseñados y prescritos el uno como remedio del otro.
Y sin embargo, me aquieto e intento conformarme con mi nimio lugar de musa silenciosa. No eran a mí a quien fueran dadas en gracia las prosternadas damiselas. Ellas dirigen su apetito arbitrariamente y no soy yo más que un artífice de vuestro deseo. Entonces no devengo medio sino objeto de la inclinación de otras formas, en que la divina estirpe del excelso azar me ha vuelto muda observadora. Ya no profiero declamaciones de mi amor infortunado sino me atengo a ser espectadora de tus otras fortunas lejos de mi alcance.
"Y será entonces y sólo entonces, cuando estemos preparados para renunciar a las palabras que no se necesitan (...) que por fin sabremos que hemos aprendido a amar."
lunes, 4 de mayo de 2015
No es
Otra vez a la cueva,
cascarón de nuez,
naricita fría
y esta vuelta
no habrá sido en vano.
Otra vez a jugar
a las sombras para nadie.
El absurdo
es la única línea
que atravesará estos días.
Y otra vez gritar
contra la almohada
para que el grito
no se escuche.
Porque otra vez la ficción
de la mueca sonrisa
y el próximo invierno
no habrá sido crudo.
cascarón de nuez,
naricita fría
y esta vuelta
no habrá sido en vano.
Otra vez a jugar
a las sombras para nadie.
El absurdo
es la única línea
que atravesará estos días.
Y otra vez gritar
contra la almohada
para que el grito
no se escuche.
Porque otra vez la ficción
de la mueca sonrisa
y el próximo invierno
no habrá sido crudo.
domingo, 26 de abril de 2015
Incertidumbre
Tengo esta ansiedad
de ver una estrella fugaz,
y al final sólo veo
mi deseo.
La lucecita de un avión
surcando esta postal nocturna.
La intermitencia
como los nervios
de encontrarte
en el pasillo.
Y la sonrisa
estúpida e inocente,
de que también
sientas esta complicidad.
La incertidumbre
de si las manos
me tiemblan sólo a mí.
de ver una estrella fugaz,
y al final sólo veo
mi deseo.
La lucecita de un avión
surcando esta postal nocturna.
La intermitencia
como los nervios
de encontrarte
en el pasillo.
Y la sonrisa
estúpida e inocente,
de que también
sientas esta complicidad.
La incertidumbre
de si las manos
me tiemblan sólo a mí.
martes, 21 de abril de 2015
Anemia
Padezco un déficit de fuerza
de levantarme en la mañana
cuando el mundo está liviano.
Y no me alivio
de esta fatiga crónica
que no se calma
de andar pesada
de indecisiones y de miedos,
de batallas a medio perder
por ansiar la huida
y de fracasos inconclusos.
Lo que me falta es la dureza,
¡ay, si pudiera sencillamente
fruncir el ceño
ante las calamidades!
Pero me doblego
y me entrego dócil
a las profundidades de la angustia.
Esta carencia entonces es de ardor
en estas manos gélidas
que sólo escriben medias tintas
cuando no encuentran razones.
O tal vez este frío cotidiano
no es más que un síntoma
de la escasez de abrazos
que duren más de una noche.
Y sin embargo dice el doctor
que es falta de hierro.
Si tan sólo pudiera contar
con que esta insuficiencia
habrá de reponerse
como los glóbulos.
Ay, si pudiera,
doctor, recetarme
otras píldoras
que pongan fin al desasosiego,
y usted no puede.
Y yo no logro todavía
soñar dos pasos más allá
de la suma de mis debilidades.
de levantarme en la mañana
cuando el mundo está liviano.
Y no me alivio
de esta fatiga crónica
que no se calma
de andar pesada
de indecisiones y de miedos,
de batallas a medio perder
por ansiar la huida
y de fracasos inconclusos.
Lo que me falta es la dureza,
¡ay, si pudiera sencillamente
fruncir el ceño
ante las calamidades!
Pero me doblego
y me entrego dócil
a las profundidades de la angustia.
Esta carencia entonces es de ardor
en estas manos gélidas
que sólo escriben medias tintas
cuando no encuentran razones.
O tal vez este frío cotidiano
no es más que un síntoma
de la escasez de abrazos
que duren más de una noche.
Y sin embargo dice el doctor
que es falta de hierro.
Si tan sólo pudiera contar
con que esta insuficiencia
habrá de reponerse
como los glóbulos.
Ay, si pudiera,
doctor, recetarme
otras píldoras
que pongan fin al desasosiego,
y usted no puede.
Y yo no logro todavía
soñar dos pasos más allá
de la suma de mis debilidades.
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