lunes, 9 de mayo de 2016

Inquilino

¿Dejaré de interrogarme un día?
Quiero decir si tendré que pedirle permiso
al inquilino-aniquilo que me persigue
para que haga de una vez el silencio
que habrá de permitir que lo espontáneo
recobre por fin su naturaleza
y no esta carga inútil de especulaciones
que se quedan naufragando sin mejores rumbos
que el detenimiento mismo,
y que florezca entonces para siempre
aquello que da brillo a los ojos
o temblor a las manos,
aquello que ha de parir
la transpiración más pura
de los nervios de sentir
al menos una vez
sin interrogarme.

miércoles, 6 de abril de 2016

Videotape

Pido una oda al otoño
pero nada se me ha dado
de tu copa amarilla o desnuda.
Quizás son los días
de lluvia
(todavía se desdobla).
Es otra la que se enjuga los labios
y ya no se embriaga,
algo ha sanado
entonces
cuando la oscuridad
tenía sus brillos.
Será la monotonía
y las valijas en el placard
que se debían andenes.
Sea quizás una imprudencia
de no haber sentido frío
en tanto tiempo.
Sea una reiteración vana del verbo,
la rebobinación harto trillada
del godot que no vino.
Una fatiga crónica de ausencias,
el rompecabezas de siempre
que de tanto armarse y desalmarse
ya no divierte
o no tiene
justo la pieza
que dibujaba la hazaña.
Sea la versión más inerte
del disco que se repite automático.
Será que quise ir soltando
ahí donde no amarré nunca.

martes, 12 de enero de 2016

Farol

Vomita el verbo traspapelado
en la percepción de tu estómago,
no hay rincón
y se derrumba tu silencio,
no sigue línea ni azar posible,
se desgaja la sola luna
como si antes
hubiese sido ocaso
y no de pájaros,
salvajes adoquines
le tiran de la rienda.
La señal de la vida
se le esconde.
Certifica que el zapato
está gastado.
Otra esquina más
y sin faroles.

miércoles, 6 de enero de 2016

12 minutos de oscuridad

Quise escribir la Última Lluvia
y abrí el paraguas.
No me dejé mojar por el verbo genuino
porque sabía que tendría que evocarte en la noche.
Cuatro años secándome al sol
para que la carne viva de la duda siga intacta.
Quisiera escribir la oscuridad
de nuestros doce minutos de silencio.
Grita una mochila acusadora
sobre una sucesión estéril de postales
que llevan el signo de mi ausencia.
No puedo dar el próximo paso adelante.
Si ya estamos en el abismo
y después nunca se sabe.
Mi revés se arrepiente de mi idéntica renuncia,
todas las veces estuviste solo.
Yo mientras tanto buscaba lo que salva,
y descubrí que todas las veces había nada.
No sé decir mi amor ni mañana,
me da un miedo terrible
casi angustia,
casi vértigo,
los trenes,
todos los pasajes,
el lado de la ventanilla
sin siestas en tu hombro,
el pestañeo que dura el viaje,
el libro de Facundo que habla de nosotros.
No te voy a decir nunca lo que resigné
a cuesta de aceptar lo que se asume diario.
Tengo esta vida de bárbaro o de obtuso
que se limita a disfrutar de vez en cuando
de la ilusión de lo posible,
de la canción que al fin no será augurio,
de la palabra siempre injusta para nombrarte.
No sé si voy a encontrar el rumbo
cuando deje de girar la rueda
de mis fantasmas inconformes.
Y suspiro aunque no estés del otro lado.

domingo, 6 de diciembre de 2015

Vacío

Quisiera estar ebria de sentido un día
y que la mañana me encuentre
amando, temiendo, partiendo a otro país.
O llegando hasta vos, innombrable,
y que tus indescifrables ojos me digan la verdad.
Y si acaso el amor es pedir mucho
y no encuentro la mitad de las mitades mías,
entonces un amor evanescente
que se multiplique y se desmorone entre los dias
y me ubique un norte en el mapa absurdo
y me invite a transitar los días ánimo
que se mueren en el calendario incongruente.

domingo, 25 de octubre de 2015

A salvo

Y esta noche voy a llorar mucho
cuando llegue a casa,
a veces hago retratos
de la angustia,
recuerdo mi última instantánea
del deseo,
la ciudad está siempre ahí tendida
yo no acudo todavía a su llamado,
y el fuego crece desde el pecho.
Alguna vez voy a ser libre,
vamos a mirarnos para siempre.

lunes, 12 de octubre de 2015

Fuga

Busco esa manera
de decir sin balbucear
y no la encuentro,
no entiendo el mecanismo,
la rueda eterna que mantiene vivo al engranaje
de la cruel y sagrada comunicación.
No logro comprender el norte y abismo
de este racimo de verbos que no llegan,
no alcanzan para ser genuinos
con la ferocidad de mis noches
que se pasan buscando
el verbo exacto,
aquel que me nombre y te acerque,
que te evoque o devuelva
a este naufragio de anhelos míos
que nunca te tocan
desde el umbral de un silencio
absurdo de los días que van yéndose
mientras va quedando nada
que revolver
y entonces
este burdo misterio se disipa,
se escurre entre los abecedarios,
y los mapas y las agendas y los relojes,
y me siento la imposible domadora
de mis propias pasiones.
Voy a tocarte el hombro un mediodía
como si fuera un niño perdido en la multitud
-y es que me siento niña-
y tendré que invitarte a que te quedes.