lunes, 12 de octubre de 2015

Fuga

Busco esa manera
de decir sin balbucear
y no la encuentro,
no entiendo el mecanismo,
la rueda eterna que mantiene vivo al engranaje
de la cruel y sagrada comunicación.
No logro comprender el norte y abismo
de este racimo de verbos que no llegan,
no alcanzan para ser genuinos
con la ferocidad de mis noches
que se pasan buscando
el verbo exacto,
aquel que me nombre y te acerque,
que te evoque o devuelva
a este naufragio de anhelos míos
que nunca te tocan
desde el umbral de un silencio
absurdo de los días que van yéndose
mientras va quedando nada
que revolver
y entonces
este burdo misterio se disipa,
se escurre entre los abecedarios,
y los mapas y las agendas y los relojes,
y me siento la imposible domadora
de mis propias pasiones.
Voy a tocarte el hombro un mediodía
como si fuera un niño perdido en la multitud
-y es que me siento niña-
y tendré que invitarte a que te quedes.

martes, 25 de agosto de 2015

Los que se fueron

Y me acuerdo de ustedes
y siento el impulso de abrazarme a la vida
y a esta suerte luciérnaga
que juega a las escondidas.
Y me río a carcajadas
en la panza de la muerte
que siempre afila su daga.
Y sé que ustedes también reirían.
Ustedes también cantarían esta noche a solas.
Entonces me acuerdo de los rincones
y de que menos mal que nadie
va a saber nunca el número exacto
de días mariposa compartidos,
ni de cuántos adoquines o cuántos árboles
cruzamos por ahí tonteando,
andando el mundo sin más de puro libres.
Ni de cuántas veces nos sentimos azul,
amarillo, violeta.
Y sus pasos por la memoria
me cuentan historias todavía
que no me olvido por las dudas
de que me hagan la misma pregunta
y haya que responder otra cosa
cuando nos veamos de nuevo.

domingo, 16 de agosto de 2015

Hablemos de querernos

Y si te digo que no puedo dormirme
pensando en la opción de enredarme en tu pelo,
o en la simpleza más pura
que te provoca la sonrisa,
o quizás en el absurdo de mirarnos cómplices
y sin embargo desde lejos
sin atrevernos a mirarnos verdaderamente,
sin atrevernos sencillamente a confesarnos
el uno al otro
como si todo fuera más simple
de todo lo que creemos
que es mucho más complejo.
Y por si acaso una noche
se te ocurriera seguirme
y tal vez haya un río,
y yo tenga incertidumbres
de cumplirle a un sistema
que no espera a nadie
y me equivoque,
y si todavía volvieras,
y vuelves,
y te espero ansiosa,
y llegas,
entonces,
entonces sólo habremos de querernos,
entonces
sólo hablemos de querernos.

jueves, 6 de agosto de 2015

Clemencia

Alguien lleva mi tinta a recorrer millas y en cada paraje no hay nadie que pueda entender el grito. Es un grito desesperado. Es parecido al horror pero unos ojos delatan ternura. Es parecido a estar triste pero en la hoja final nadie llora. Lo más puro se esgrime en el no-tiempo y por fortuna encuentra su no-espacio. La miseria antes nos besó la frente, ahora se ríe desnuda de la credulidad de sus víctimas buscando un caparazónclemencia en los verdugos.

Fortuna

No sé si sea esta fortuna
de pararse en el medio del patio,
en el medio de la última tormenta,
contemplando este cielo en blanco y negro
de rayos que deshacen a la noche
e iluminan la ciudad asediada por la muerte.
No sé si sea esta fortuna
de los días por venir 
renaciendo
de esta noche interior
que me ha crecido,
de miradas cómplices,
de vos llegando hasta mi abrazo
de una vez por todas. 
Me vale que sea este misterio
de salvarse de la máquina un ratito,
de ganarle una mano a esta baraja,
de sentirme descalza todavía.

jueves, 30 de julio de 2015

Lo inminente

Después de todo, las cosas no estaban tan mal. Yo había tomado malas decisiones, es cierto.  Lo había elegido antes. En la última retrovisión, todo lo que no iba a ser en mi madre quedaría en el pasado, yo ocuparía el lugar de un olvido hasta que lo superara la emulación de otra vivencia no consumada. Una suerte de no devenir del tiempo. Y qué va? Después de todo, las cosas no estaban tan mal. Tal vez los cambios que se sucedían eran tan minúsculos como imperceptibles y nosotros todavía creábamos la ilusión de que el individuo era un lugar para estar a salvo y otro impulso concedía que no, que no somos más que miguitas en una plaza enorme donde a lo mejor hay palomas. Eso escuché decir a una señora. Después de todo, las cosas no estaban mal.

lunes, 1 de junio de 2015

Diálogos internos de vos (Conmigo)

Silvio siempre vuelve. Aunque no esté de moda  en estos días. Nunca va a importar a qué hora llegues, seguramente estaré contando baldosas en otra parte. Y sin embargo, soy siempre adverbio, de modo que después siempre será mientras tanto hasta que no me juegue el verbo que preceda al que nos va a interrogar por última vez.
Nuestro verbo no será nuestro, no será gerundio. Hoy mi deber era, otro que esto de cantarle a la patria de muertos y excesos leídos en esa borra de café de las tres de la mañana que daba inicio a esta suerte de desamparoanhelo para todos los días por venir. Me gustan las calles con adoquines y todas las esquinas europeas, no me gusta la necesidad de financiar platos de comida con sonrisas y monedas en los semáforos y enseguida termino sonriendo igual. No tengo nada para dar. Yo vengo a ofrecer mi corazón.
Ayer las casualidades y los misterios de volver a bienvenirnos. Ayer un globo rojo, como el que pusiste una noche oscura en mi balcón. Ayer, toda la semana. Así es la intensidad, como la noche oscura y como el globo rojo. Un niño dormía siestas ante mis plegarias. Dos niños jugaron una vez hasta reinventarse. El miedo es eso que se arremolina en mi callejón sin salida. El puente amarillo tiene un sol propio y es el de Facundo. Todos los amores de mi vida condensados en las pupilas de tus ojos que siempre van a brillar. Todas las veces eras vos y eran otras las manos que dibujaban la caricia. Anoche el taxista escuchaba jazz. Dolores in a shoe stand. Yo anotaba en un rincón de mi mente que mi memoria siempre va a fallar. ¿En qué se habrán convertido mis viejos zapatos? Las despedidas son un punto de partida, yéndote sos punto de fuga. Pero siempre vas a estar entre mis líneas que desnudan lo que llevo acá en medio del pecho.
Al final siempre estoy reescribiendo un mismo texto inútil. Nunca voy a dar con la nota necesaria. Esto es el eterno no tener(te). Después de todo está la misma hoja en blanco invariablemente. Y esta silla que se hunde. Después de todo, nunca me animo a escribir un final. Entonces somos puntos suspensivos.  Si no me animo a cerrar la historia es porque me da terror la idea de que un día tu fantasma se vaya. A veces el espanto es que esta duda se me disfrace de certeza y que seas vos, inalcanzable, lo único que pude desear en esta vida. ¿Qué poeta imberbe me trastocó en mujer de un solo deseo? Mientras tanto nos sucede la vida, sin abecedarios que escriban la palabra plural de una vez por todas. Nosotros, que quizás no seamos el uno para el otro, le robamos a la ausencia un verso que nos nombre juntos. Y sin embargo nos pasamos de largo en cada esquina que podríamos encontrarnos. Mucho más allá de esto que somos si es que somos, he tomado malas decisiones. A veces se vuelve gracioso ver cómo alcanzo la frontera del absurdo. ¿Y si nos vamos anticipando de sonrisa en sonrisa hasta la última esperanza?  El año que nací, Silvio escribía “Hacia el porvenir partieron sombras”. Mi sombra vive sacando boletos de tren. En el último coche voy yo, desnuda y sin inventos. Al final del viaje, partiremos de nuevo. Después de todo, habrá otros brazos que nos reciban.