jueves, 1 de septiembre de 2016

Oficio

Le voy a poder abrir la ventana al mundo de nuevo. Me gusta estar con el ruido de la soledad. Se van a desmembrar mis códigos primitivos, habré de poder desmembrarme. Volver a la complicidad con lo genuino. El retraimiento retorcido de las entrañas de la tierra susurrando sólo lo sutil. Los ojos ya sin vendas ante la esencia misma aunque el camino esté apenas empezando. También un poco vos del otro lado. Mis viejas pasiones mustias. El quehacer encantamiento del alma. Los libros y otra vez cargar las tintas. Las noches de desvelo y de los discos que sonaron en el cenicero. Y también lo profundo del misterio, los códigos, las calles, las programaciones, tu formateo racional del amor, la poesía agónica y el sentido crítico hasta estúpido. Voy a volver otro día por los pasillos llena de algo más que desengaños.Le voy a poder abrir la ventana al mundo de nuevo. Me gusta estar con el ruido de la soledad. Se van a desmembrar mis códigos primitivos, habré de poder desmembrarme. Volver a la complicidad con lo genuino. El retraimiento retorcido de las entrañas de la tierra susurrando sólo lo sutil y lo genuino. Los ojos ya sin vendas ante la esencia misma aunque el camino esté apenas empezando. También un poco vos del otro lado. Mis viejas pasiones mustias. El quehacer encantamiento del alma. Los libros y otra vez cargar las tintas. Las noches de desvelo y de los discos que sonaron en el cenicero. Y también lo profundo del misterio, los códigos, las calles, las programaciones, tu formateo racional del amor, la poesía agónica y el sentido crítico hasta estúpido. Voy a volver otro día por los pasillos llena de algo más que desengaños.  

domingo, 17 de julio de 2016

La vereda angosta

Estoy fumando un cigarrito
en la vereda adoquinada de la vida
y es preciso estar así,
contemplando desde afuera,
sin involucrarme genuinamente con el mundo
que a veces me resulta tan extraño y repulsivo
a mi propia naturaleza
y otras veces me arrastra con sus remolinos.
Así,
sin vivir ni morir,
tendida en el angosto lado
entre la desesperación y el salto de fe que no llega.
Acá donde no se ve
quién dobla por la esquina.
Y sin embargo palpita el irrefrenable deseo
de tener con quién compartir
un solo llanto bien llorado en el sillón
-a lo Girondo-
y el irremediable después
de abrazos compositores de calma
y de poesía plétora y no vacua,
de vida,
al fin y al cabo,
de aquello a lo que quiero aferrarme
cuando no queda nada más
(que liviandad insoportable).

miércoles, 22 de junio de 2016

Prólogo

En el medio de la nada
encuentro tu mirada tímida
que explota de sentidos solitarios.
Sale el sol de nuevo
y voy a volver a pasear por los parques
después de las reuniones especulativas del saber.
El mundo se ordena ante mis impulsos.
Hay prólogos felices como esto.

lunes, 9 de mayo de 2016

Inquilino

¿Dejaré de interrogarme un día?
Quiero decir si tendré que pedirle permiso
al inquilino-aniquilo que me persigue
para que haga de una vez el silencio
que habrá de permitir que lo espontáneo
recobre por fin su naturaleza
y no esta carga inútil de especulaciones
que se quedan naufragando sin mejores rumbos
que el detenimiento mismo,
y que florezca entonces para siempre
aquello que da brillo a los ojos
o temblor a las manos,
aquello que ha de parir
la transpiración más pura
de los nervios de sentir
al menos una vez
sin interrogarme.

miércoles, 6 de abril de 2016

Videotape

Pido una oda al otoño
pero nada se me ha dado
de tu copa amarilla o desnuda.
Quizás son los días
de lluvia
(todavía se desdobla).
Es otra la que se enjuga los labios
y ya no se embriaga,
algo ha sanado
entonces
cuando la oscuridad
tenía sus brillos.
Será la monotonía
y las valijas en el placard
que se debían andenes.
Sea quizás una imprudencia
de no haber sentido frío
en tanto tiempo.
Sea una reiteración vana del verbo,
la rebobinación harto trillada
del godot que no vino.
Una fatiga crónica de ausencias,
el rompecabezas de siempre
que de tanto armarse y desalmarse
ya no divierte
o no tiene
justo la pieza
que dibujaba la hazaña.
Sea la versión más inerte
del disco que se repite automático.
Será que quise ir soltando
ahí donde no amarré nunca.

martes, 12 de enero de 2016

Farol

Vomita el verbo traspapelado
en la percepción de tu estómago,
no hay rincón
y se derrumba tu silencio,
no sigue línea ni azar posible,
se desgaja la sola luna
como si antes
hubiese sido ocaso
y no de pájaros,
salvajes adoquines
le tiran de la rienda.
La señal de la vida
se le esconde.
Certifica que el zapato
está gastado.
Otra esquina más
y sin faroles.

miércoles, 6 de enero de 2016

12 minutos de oscuridad

Quise escribir la Última Lluvia
y abrí el paraguas.
No me dejé mojar por el verbo genuino
porque sabía que tendría que evocarte en la noche.
Cuatro años secándome al sol
para que la carne viva de la duda siga intacta.
Quisiera escribir la oscuridad
de nuestros doce minutos de silencio.
Grita una mochila acusadora
sobre una sucesión estéril de postales
que llevan el signo de mi ausencia.
No puedo dar el próximo paso adelante.
Si ya estamos en el abismo
y después nunca se sabe.
Mi revés se arrepiente de mi idéntica renuncia,
todas las veces estuviste solo.
Yo mientras tanto buscaba lo que salva,
y descubrí que todas las veces había nada.
No sé decir mi amor ni mañana,
me da un miedo terrible
casi angustia,
casi vértigo,
los trenes,
todos los pasajes,
el lado de la ventanilla
sin siestas en tu hombro,
el pestañeo que dura el viaje,
el libro de Facundo que habla de nosotros.
No te voy a decir nunca lo que resigné
a cuesta de aceptar lo que se asume diario.
Tengo esta vida de bárbaro o de obtuso
que se limita a disfrutar de vez en cuando
de la ilusión de lo posible,
de la canción que al fin no será augurio,
de la palabra siempre injusta para nombrarte.
No sé si voy a encontrar el rumbo
cuando deje de girar la rueda
de mis fantasmas inconformes.
Y suspiro aunque no estés del otro lado.