sábado, 25 de septiembre de 2021

Decir

 Digámoslo de una vez,

yo quería escribir otra cosa

que no fuera esta ballena tibia avistada por nadie.

Yo quería escribir la poesía,

la diadema de una noche que no terminara

nunca,

algo menos que la verdad

pero un poco más que un simple pulso.

Debo decir entonces,

buscaba un rostro sobre la hoja desteñida,

buscaba un nombre que nunca se aparece.

Quiero decir

ya no quería esa vanidad de la academia,

quería el verso que mute el dolor primario

en otra cosa mejor 

que una razón de halagos baratos.

Alguien un día,

mirándome a los ojos 

firmemente, dirá

que he fracasado.

La paz

esa novedad abominable

sobrevendrá

si no son mis labios balbuceantes

otra vez frente al espejo.

martes, 1 de junio de 2021

Los minutos

 Veinticinco minutos 

para lo que pudo ser

si veinticuatro minutos

duraba mi esencia.

Veintitrés minutos

para la expresión libre

y veintidós minutos

para explotar la forma.

Veintiún minutos

para que hagan falta

veinte minutos

de recordar lo que fuimos,

y en diecinueve minutos

recordar que no somos

porque a dieciocho minutos

del sol estamos.

Diecisiete minutos

para la nada misma

y en diecisiete minutos

devolverle al todo

su potencia curiosa

que en quince minutos

acabará para siempre

porque la nada,

a veces,

son catorce minutos

en los que sobra el tiempo

para creer que

en siete minutos

se acabarán las cosas

en las que hace seis minutos

todavía creía.

Pero hace cinco minutos

que no pasa el bondi

y hace cuatro, apenas,

si me dieron la hora...

Porque hace tres minutos

que no recuerdo quién era

y hace apenas uno

que me paré en la esquina...

lunes, 1 de marzo de 2021

La cosa inerte

 Cuando un paso más cerca

es un paso más cerca,

y esa cosa de que un día

el miedo tendrá otro nombre.

Haber crecido un poco más

que la semilla,

hacer la germinación

después de la revolución,

desandar la novedad

para ser significante.

Abolir el tiempo muerto,

buscar el rayo de luz,

aunque llueva,

aunque siempre

el gris cemento ahí.

Tulipanes

Los lazos como falsos tulipanes,
la lluvia como el encuentro de mis miedos
y la primavera, el desamparo por amor al arte.
Quién será mañana en el espejo
el que no vomitará
sin decir basta 
por pestaña,
puerta por si
oídos,
ventanas por si
otra vez 
la nada.
El capricho
del que se sumerge
porque hay que ver
qué pasa abajo.
Y quedarse,
como esos girasoles
de la ruta
que bailaban
la vez que no ví

a mi otra.

jueves, 27 de agosto de 2020

La noche íntima

 Tener tu alegría en las manos,

una luciérnaga que brilla pura

entre dos palmas,

siete vaquitas “antonias”

convocadas en asamblea en tu patio

para concederte una suerte insulsa.


La inoportuna cosa mentada como verbo

para un objeto ajeno y resistido,

la otra cosa plena,

querida pero indeseada,

la cosa misma dada apenas,

una metafísica de la descomposición,

“y que nunca me metiera

en camisas de once varas”.


La milonga del absurdo

porque la existencia se juega

en la posibilidad de contradicción.

El juego tácito 

del creador

y el creado.

La sustancialidad compuesta

de saudade

y melancolía,

dos caras de la misma moneda

invertida en el mercado

de la fantasía

vivificadora.


miércoles, 29 de julio de 2020

Escarbar

Tiersen por si la tristeza asoma,
Electric Warrior cuando la alegría,
salir y ponerse en puntas de pie,
digo más, digo tal vez pararse en una silla
buscando el último rayo de sol.
Cavar un pozo profundo
para saberse todavía cuerpo deseante,
para saber que no se es ese cadáver
tierno, tibio, casi pálido
que yace allá en lo hondo.
Allá, acá
no más.
Algo mejor
que escarbar
sobre la superficie,
ir hasta el hueso,
y de una buena vez
dejar otro costado abierto
en cada cosa.

jueves, 11 de junio de 2020

Junio, Julio, Agosto

"Ya voy a encontrar
el neologismo que nos falta",
no fue entonces por puro goce de la risa,
mejor buscábamos llorar
o incluso apenas
una filtración lacrimógena
como un principio
de sed inversa o extensa,
sin querer hacernos cargo
todavía
que nuestro reloj marcaba
con su aguja dispar
un dial sintonizado
del horario de la lágrima.

No sabía bien cómo explicarte,
a veces las palabras son mudas.
Los números y las lágrimas
tienen una relación muy perspicaz
cuyo lenguaje se les escapa
a tantos hombres -por no osar
de la soberbia de decir todos-.

Llorabas un numerito en el baño
y sin embargo,
las paredes hacen eco
como ahora.
Ahora,
sólo ahora,
todos los minutos
-llenos y a veces llenos de falta-.

Porque son los remolinos
los que tienen que aprender
a volar tan alto
como nosotros.
Y aunque encontremos
nuevos neologismos,
sabemos que detrás de ellos
estamos nosotros.
Aunque ya no digamos plataforma
pero me mires
como si buscaras en un dedal
cuando estás detrás de la puerta.
Estamos siempre llegando, nene,
siempre volviendo a fundar un plural
que no necesita ningún neologismo ya
porque el mejor lenguaje
es el que leemos en nuestra piel,
ese que se nos sale por los ojos.