martes, 7 de octubre de 2014

Memoria

Y eras vos otra vez y de otra forma. Al principio creí que me burlaba de nuevo y me veías, la culpa se me hizo insostenible. Tu gesto estaba ahora en todas partes. Me aturdí de tu eco resonando y ahí estabas. Y me hiciste otra vez un laberinto, y en los pasos conocí las manos, y conté con los dedos los silencios, y también huí de los humanos, no le dije nada a nadie cuando me fui quedando solo, nadie supo bien a qué hora vino la muerte.

domingo, 28 de septiembre de 2014

Boceto y Pablo

Pido permiso para nacer. Ahora, como siempre, es temprano. Sucede que soy y que sigo: nadie pregunta. El pasado escribe sus propios cadáveres exquisitos. Deliciosa es la aventura del tiempo que nos arrastra cual hoja del otoño a las primaveras que no florecen todavía. Alguien desea. Todos volvemos al barro del que estamos hechos. Nadie responde. Todos nos miramos otra vez en el Paraná, la imagen devuelta es poco clara, no nos hemos definido. Todos temen, nadie se quiere morir pero todos lo haremos por costumbre. La sutileza está en que vuelvas después de todo, la lucidez está en que no decline la opción de ser fugaces. Nadie más habrá de reinventarse. Volviendo de la euforia y las canciones paseamos en bicicleta por San Telmo, los adoquines te sacuden para que sepas que ahora estás vivo. Mañana sale el sol por el oeste, el mundo está al derecho dando vueltas, sos vos.

domingo, 21 de septiembre de 2014

La ausencia inexorable.

"Escribes poemas 
porque necesitas
un lugar
en donde sea lo que no es."
(Alejandra Pizarnik)

A Lucas Bu.


Una vez te expliqué que quería
la alegría de un barco volviendo.
Y te fuiste atrás de todas las hojas
que barrió el invierno.
Quisiera poder decirte ahora
todas las palabras
que se me atragantaron
como a vos las flores
que yo vi en tu sombra una noche;
y pedirte perdón por la torpeza
de no saber jugar
con un globo rojo
como niña.
No tiene sentido,
ahora ya no es el tiempo tuyo
y es absurdo que así te adueñaras
de todas las horas
que nos faltan a los que quedamos
y que tenemos la rabia incontenible
de no poder reprocharte
la elección solitaria
de que no hayas dibujado
a ese punto final
otros dos que lo volvieran
suspensivos.
El dolor es no poder
nombrar la culpa,
y sentirse sentenciado
por dejar para más tarde
el abrazo
que ya no será correspondido.
Y decime vos ahora
dónde estás
porque tendremos que saldar
las dudas y
las deudas algún día.
Yo prefiero creer
que seguís enamorado de las tablas
y que descorchás un vino
y suena un disco
cada vez que no entendés
-y yo tampoco entiendo- la vida.
Y decido encontrarte
otra vez y a mi manera
en las tintas de Cortázar y Alejandra
que nos unieron
o me quedo taciturna
en el sillón que nos quisimos
y te pienso deambulando
por las calles de Rosario
que igual de silenciosas
conservan la memoria
de tus pasos sin rumbo fijo.
Sí, era el tiempo
el que jugó con nosotros
cual titiritero,
y yo por entonces
no era buena
para el papel de Julieta
aunque vos
subieras todos los balcones.
¡Ay, si pudiera darte
todavía ese último abrazo!
Qué agobiante
y solitario se me ocurre tu estertor
que me inunda de tus ojos infinitos,
y la sangre me hierve de tristeza
y la vista se me nubla de lloverse
y la piel se me eriza de abandono
y esta pena no sabe cómo replicarse
que te hayas entregado
al exilio de la noche eterna.
Sólo por amor a tu alma noble
y a tu sonrisa de niño eterno,
te concedo esta jugada
hasta encontrarnos de vuelta.
No habré de salvarme entonces
mientras sigo probando volar.



martes, 5 de agosto de 2014

114

Nubecita que te fueron sin saberlo,
hoy volvés rayo de sol aparecido,
no te vió doñita Estela germinando
en el vientre de su fruto, luchadora,
sí que importan los designios y el camino
y saber andar muy bien por la memoria.
Una mano oscura y fría te arrancaba
del regazo de la madre que no pudo
ni adorarte, ni acunarte, ni buscarte.

Fue un agosto,
doñita Estela la lloraba,
después supo:
una Itaka disparada por la espalda,
¡por la espalda siempre los cobardes!

Y la ronda se hizo Ronda por buscarlos,
y siguió incansable tras las huellas.

Es agosto,
doñita Estela va rondando,
y hoy la ronda sigue, Guido,
hoy la ronda sigue en un abrazo.

sábado, 2 de agosto de 2014

Imperio del tedio

No hay una canción 
para adiestrar 
a la bestia ansiedad 
de estos años encima.
El porvenir, lejano, 
se burla de este esfuerzo de buscarme.
Del otro lado del camino
no estarán siquiera mis restos
festejándome el pasaje.
Es la condena de impuntualidad
a los mejores espectáculos,
y llegar de puro instinto cuando la verdad se ha ido.
Son otra vez los mismos oasis del tedio
tendiéndome en la sombra
entre la que fue de mí,
estandarte de ocasos e ilusiones,
y la que fuera mi otra,
anhelo constante de abarrotar el tiempo,
invitarlo tal vez a bailar una milonga del desastre,
poblarlo de desacuerdos y reinvenciones.
Volver a encontrarlo pletórico de sentido,
como algo más que un atravesar constante y absurdo,
en una esquina cualquiera de mi barrio.
Y pudiera ser yo, de una vez y para siempre,
quien le cante jaque mate en esa esquina.

martes, 1 de julio de 2014

Día 72

El pulmón de manzana le pasa factura a toda mi ansiedad. Este cuerpo cansado no soportará la próxima bocanada de humo. La frustración sabe a algo más que a una búsqueda trunca o a ese transitar absurdo entre los días intentando descifrar cuál será el próximo paso que será el paso anterior hasta dar el Verdadero; ahí, donde el pie tonto pisará en falso creyendo perder una vez más mientras su doble espejado ni siquiera advierte que se posará en el lugarmomento preciso. El proyecto 365 está condenado a la desesperación, yo me hundo lentamente en mi abismo con esas malditas 365 hojas en blanco. El doble espejado insiste en no avanzar, sigue como agazapado, como si un impulso exterior fuera a moverlo, como si no supiera ya que está echando raíces y vaya a saber por qué eligió la nada como sitio fértil. (El impulso exterior no existe.) Todo lo que alguna vez se constituyó en objeto de mi deseo se desvanece cruelmente. Le tengo rabia al tedio de las noches que quedan por venir. Ay de mí! Pobrecita insomne, que no encontrará ninguna respuesta girando en un colchón vacío. Y le profeso terror al frío que acecha desde todos los rincones.

martes, 17 de junio de 2014

Invierno

Río de invierno, 
hoy no canté mis plegarias.
El pudridero dictamina sobre las horas aciagas
-y a ciegas-.
Mi otra, no agonizó una sola noche
y se entregó a la lluvia.
Mi idéntica, imperfecta,
escribió todos los finales.
Con sus propias manos
martilló las horas.
Otro era el que lloraba.
Da igual,
después todos sonríen,
nadie canta.
Lo crudo está en el pecho cuando la sangre no amansa.