miércoles, 8 de mayo de 2019

Prólogo

En el medio de la nada
encuentro tu mirada tímida
que explota de sentidos solitarios.
Sale el sol de nuevo,


yo volveré a pasear por los parques
después de las reuniones especulativas del saber.
El mundo se ordena ante mis impulsos.
Hay prólogos felices como esto.

(2016)

jueves, 25 de abril de 2019

Alamedas

Alguna vez
alguien me nombró
poetisa
anarquista
musa inspiradora
espíritu libre
y así hube de ser
por entonces.
Y evocó
que sus versos
y aquella musiquita
"a ti te pertenecen,
pues de tu piel
y tu verbo
salieron".
Y en los albores
de otra de mis otras
me interpeló
que por qué
tanta ausencia.
No hubiésemos
creído
por aquellas
avenidas de Boedo
que un día
no quedaran
ni las alamedas
que soñábamos
crecían
en nuestra
distancia
intermitente
florecida
de gerundios.
Yo buscaba
en cambio
lo que se construye
y no
lo que habita
ese bosque de silencio.
Pero es que
tampoco
sabía
que lo buscaba.
Ahora,
simplemente
un recuerdo torpe. Aquella otra
que ya no es
ni esta
se interpela
por qué
tanta ausencia,
no de alamedas
ahora,
sino
que es otra
también
la distancia,
que es otro
también
el que duele,
que va a volver
a ser otro
cualquier
día
de estos.

martes, 23 de abril de 2019

Casi cuatroscientos días

Si después de tanto tiempo la herida todavía supura, si todavía no cicatriza ni se recupera del todo, si ya no hay rehabilitación posible no sé qué más debería haber. Será que como dicen las viñetitas del Grego, el amor para un salero más que incondicional es pluscuamperfecto. Y ahí se estalactizan todas las metáforas del mundo: sólo imágenes de un pasado anterior al pasado mismo pueden ser esa cosa análoga a la ternura, a nuestras miradas cómplices primeras, a nuestras sonrisas de sólo el uno para el otro y la cofradía también de los tuyos y los míos que nos sabían igualmente el uno para el otro, como dos niños tontos que no hacen más que jugar un mismo código como fuera el nuestro, de chocolates con maní y pedales en dirección oeste. Si yo sé bien que no me voy a poder desprender nunca del todo de nuestras osadías de ciclismo nocturno rodeando la terminal por Santa Fe y Avellaneda hasta la cortada, ni de la tendida de ropa para que no se pudra con ese gesto de desenfado que heredabas de tu vida nómade aunque entonces querías anclas. Y que las anclas no alcanzaban ni alcanzarían a ninguna parte porque tu espíritu inquieto te seguiría llevando, de la amarra de mi amor incondicional hacia la inseguridad de que algo tan firme sufriera terremotos que eran sólo espejismos de los fantasmas de un mal sueño de tu pasado, y que los volviste ciertos nada más que para darles sentido emigrando como las palomas el día que sin saber bien por qué te ibas de nuestro nido para siempre. Aunque ni sabíamos que sería otra vez para siempre.

Ocas(i)o-nal

Entre el fin de tu duda
y el principio de tus ganas
hubo algo,
alguna vez...
nuestro,
cómplice,
fugaz.
Lo nombro todo.
Instante tras otro
mi boca va pariendo el mundo.
Significo,
adentro mío
el vendaval de palabras
que juega
a crecer y a derrumbarse.
Miro ahí adentro,
donde la oscuridad
es más grave
y el verbo
no alcanza.
Busco,
todavía,
algo que soñar
de a dos
por las veredas del ocaso.

martes, 19 de febrero de 2019

Aniversario

Un corazón que se despedaza por última vez. 
Otra vez la reiteración:
no se puede amar y tener miedo.
Otra vez la reiteración:
hay que correr hacia los brazos abiertos
y no perseguir una espalda.
Las máscaras se caen,
quedamos desnudos y sin inventos.
Pero ahora vemos
quién verdaderamente somos.
Este es el último dolor que te regalo.
Se comprenden las huidas
pero me prometo implacable
con los desengaños.

jueves, 7 de febrero de 2019

Siete sin los dos

Pienso en 15 minutos con vos pero busco algo que no me haga caer, entonces escucho las canciones trash de Fun People e igual me acuerdo. Todo sea por no caer en la ternura de los Smiths, aunque es igual, escucho el candombe de los uruguayos porque se acerca el carnaval y también se acerca tu recuerdo porque es siete de febrero y hace un año y hace tanto y tanto que... Ni digamos de cuando el que canta es Zitarrosa, o cuando de pronto el algoritmo la invita a Natalia que dice por mí que "yo te llevo dentro hasta la raíz y por más que crezca vas a estar aquí" y el chiste que fue sólo complicidad nuestra de que iba a ir de fondo para esa campaña. No quiero pensar en las de Drexler, porque me hace pensar en que fue nuestra banda de sonido de las primeras noches, casi como los Coplanacu pero no tanto, porque amanecíamos mirando documentales para cruzar el Atlántico en balsitas de madera y yo sigo yendo al Paraná un poco para sentirme libre y otro tanto porque te evoca infinito. No sé si sabías que fui a ver a Tabaré y me quedé con ganas de Silvio, pero te juro que cuando fui a Las Manos salté por los dos y por nosotros esa vez que íbamos de la mano a marchar con el pueblo para soñar que hacíamos revolución desde lo cotidiano. Tal vez porque por entonces todavía soñábamos juntos, y contruíamos juntos también. Si mejor ni te digo las cosas que pasan cuando suena Silvio, ni mucho menos cuando Jaime dice lo que es el amor profundo... Pero con el amor, mi amor, no alcanza, por eso ya tus pasos buscan el norte mientras los míos insistían con el sur. Y si el mundo es redondo como dice Facundo, yendo no más hacia adelante volveremos a cruzarnos. De toda suerte más maduros, más enormes, y nos amaremos de nuevo. Cuando tal vez ya no te nombre atrás del Zurdo ni de Juan L., ni cuando cruzando el remanso Valerio ni escuchando a Fandermole me estremezca como me estremezco todavía.

lunes, 4 de febrero de 2019

Falta de febrero

Sobreviene una vez más
la angustia existencial
sin nombre único,
común denominador
y múltiplo
de mis inestabilidades magma.

Algo agudo allí te invoca,
ya nadie entra por la puerta de emergencia.
Ahora sos el hombre de las manos cansadas,
tu verso se posa en cualquier lado
menos sobre mí.

Aún con todo
en el desfile de nuestras calamidades
y evocaciones de
-si acaso queda-
nuestra mejor versión intermitente,
buscan mirarte las locas.
Una es la que amás
y otra es la que temés.
Es igual,
para vos son veredas separadas.

Ya no hay puente
ni templo posible.
Todos buscan en su Parnaso al dios,
nadie lo encuentra.
De pura suerte, ciegos de luz,
descienden otra vez a su caverna.

Y el oráculo responde gnóthi seautón.
No hay más caso.
Mi árbitro interior
le cobra su falta
a este febrero:
He aquí que todavía me interpelo
mientras escarbo gusanos del tiempo.

A quién amás ahora que amaste?
Y esta compulsión a la repetición
abdica en la sola remembranza
de lucidez hiriente:
no se puede amar
y tener miedo.

Entonces creo
que alguna vez lo supe
con una claridad
que fue tantas veces bruma:

con el amor no alcanza.