martes, 17 de junio de 2014

Invierno

Río de invierno, 
hoy no canté mis plegarias.
El pudridero dictamina sobre las horas aciagas
-y a ciegas-.
Mi otra, no agonizó una sola noche
y se entregó a la lluvia.
Mi idéntica, imperfecta,
escribió todos los finales.
Con sus propias manos
martilló las horas.
Otro era el que lloraba.
Da igual,
después todos sonríen,
nadie canta.
Lo crudo está en el pecho cuando la sangre no amansa. 

lunes, 5 de mayo de 2014

Viene (día 15)

Viene una pena sin nombre
atravesando pulmones
y patios sin niños jugando a la pelota.
Viene sin ser llamada,
lamiéndome los pies desde hace días.
No tuvo tiempo.
No tuvo tiempo de ser llorada,
no pudo ser aún temida.
No pudo ser.
Entre las enredaderas de las vecinas
salió cual abejita mi pena.
Vino cuando no quedaba nadie.
Vino cuando supo que debería atenderla.
Vino la misteriosa sin echar culpas.
Supo qué hacer de mí
mas yo sin ella
había visto el sol todos los días,
entre las nubecitas, le juro, lo veía.
Tengo una pena sin nombre
que vino atravesando pulmones
y patios sin niños jugando
a ser como yo, que de grande
daría mi pena sin nombre

por ser como un niño que juega.

martes, 22 de abril de 2014

Día 1

Desde que volví que vengo escuchando ruidos raros. Uno curiosamente prefiere pensar siempre algo un poco más terrible que lo que sorpresivamente se cuece en los lugares más recónditos de la propia casa. Cuando llegué hoy de la calle se me ocurrió espiar en el lavadero y la intuición unas pocas veces falla.
Adentro del balde que está abajo de la batea (batea, linda palabra que me recuerda a la abuela) había algo. Sí, había algo ahí, algo vivo y atolondrado, algo negro y enorme. Las sombras multiplican los tamaños de las cosas. Cuando miré por primera vez preferí tener miedo, eso sería un ratón grandísimo y entonces la atolondrada sería yo esta vez, zapateando por toda la cocina.
Elegí la curiosidad y me acerqué sigilosa. Era un pajarito el atolondrado por el miedo. Un pajarito hermoso y asustado, adentro de mi balde. Tenía un pico negro y puntudo que no asustaba a nadie. Le quise dar unas semillitas de comer al invitado antes de devolverlo al mundo y se resistió, cuando lo miré de cerca vi que tenía una patita lastimada. El amor a veces es torpe, yo no lo sabía curar.
Le quise tomar una foto, después se me ocurrió que alargaría su encierro y preferí llevarlo a la terraza. Cuando subimos, salió del balde con torpeza, caminó un poco con su chuequera risueña, se acercó hasta la reja y voló hasta el árbol más próximo. Yo liberaba un avecita por primera vez en la vida. Cuando lo descubrí, la intuición me mandó a silbar como los bichos feos. Cuando pregunté por mi visitante me dijeron que era un benteveo. Sí, la intuición unas pocas veces falla, el pajarito me miraba con terror pero sabía que yo hablaba su idioma.
Lo más extraño fueron los minutos después de su partida. Quiero decir que el pajarito se llevó toda la tristeza y me dejó a cambio una sonrisa. Supongo que es la misma sonrisa que cuando se siente la libertad. Quise pensar también de qué azarosa manera habría llegado el pajarito hasta allí, cuánto tiempo había pasado desde su llegada o desde mi partida. Después me acordé del cuadernito que me regalaron mis amigos Mau en mi último cumpleaños. En la tapa tiene un pajarito hermoso y encima de él dice "Llenemos el mundo de amor". El amor a veces es torpe pero en este mundo ningún pajarito llega por azar.

domingo, 13 de abril de 2014

Sea

¿Puede ser noble el corazón de un hombre?
¿Puede ser noble el corazón de un hombre cansado?
¿Puede ser noble el corazón de un hombre cansado de amar?
¿Puede ser noble el corazón de un hombre cansado de amar al mundo que no sabe?
¿Puede ser noble el corazón de un hombre cansado de amar al mundo que no sabe amar?
¿Que no sabe amar?
¿Puede ser noble?
Cansado de amar puede ser noble.
¿Puede?
Un hombre cansado de un mundo que no sabe.
No sabe que puede ser noble y mundo.
Sabe que puede ser y amar, cansado.
Cansado puede ser noble. ¡No sabe amar!
Amar no sabe y puede.
Ser noble puede. Y no sabe el corazón.
Puede amar, puede que no sabe amar,
y cansado el mundo, y cansado el hombre,

¿puede ser noble el corazón?

lunes, 17 de marzo de 2014

El funeral de la risa

Es toda la angustia otra vez en la almohada, en los párpados cansados, en la casi lágrima, en la casi búsqueda, en mi casi sonrisa de cordialidad de oficina. Es otra vez toda la angustia, y la furia. Es otra vez esta manía de puños cerrados y de pasos solitarios. Es este juego de sombras multiplicado, de sol que no sana las penas. Es este miedo sin nombre ni objeto que llamo mío. Es esta botella de vino en un mueble que sigue sin abrir porque no hay con quién brindar, o lo que es peor, porque no hay por qué. Y este recuerdo de todos los trenes en los que huí del amor y los amantes. Es esta carta dada vuelta que evoca a esa carta que me dejaste entre las frutas de la mesa y que ni la mudanza me devolvió. Es eso de irse siempre y no tener a dónde volver. Y es mirar otra vez a las esquinas que fueron horizonte de mi barrio. Es esa ventana, la de ese balcón que me vio tantas noches bailar hasta lograr los pies negros para ganarle a la tristeza. Y es la copa de ese árbol que me dejó un poco de verde entre el gris del asfalto para hacerme creer en la fuerza de la vida. Es eso que no le dije a nadie y que ensayé frente al espejo ya mil veces. Es otra vez la escena de mis sueños en la que le explico a mi jefe las cosas por última vez. Y es también esto de querer salir corriendo hasta tus brazos o hacia unos brazos cualquiera que me aprieten fuerte un buen rato para que en el suspiro que hay después se vaya toda la impotencia. Es el imperioso deseo de mandar a todos los cobardes a la mierda y de no tener que irme con ellos. Es todo lo insoportable del peso de saber que no hay un dios ni un destino al que culpar. Y el escalofrío de las hojas en blanco que no pude llenar con otra cosa. Es la rabia del boceto que se tiñe de fracaso y otra vez la puta suerte de no saber qué escribir. Es toda la sangre que hierve nada más que para seguir alimentando una rutina cada vez más histriónica y absurda. Y después, una mañana anhelada que nunca se sabe cuándo llega, amanecer sonriéndole al olvido; al olvido de toda esta peste. Y celebrar la vida, y también la muerte. Pero sobre todo a la muerte. Mentiría el que dijera que la risa no le ha costado un funeral. 

domingo, 16 de marzo de 2014

Madrugada

Ahora tiemblo como un niño.
Al que madruga la felicidad lo ayuda,
nuestro dios flagelo de un cobarde 
no escucha tus plegarias hoy.
Y esto
y mucho
y no te puedo mirar a los ojos.

No amanece y es tarde.
Un pollo en un patio sueña con volar
y se consagra al spiedo.
No te expliqué,
son las terrazas que se quedaron en una noche.
Son todas las palabras que no te puedo decir
que no voy a decir
y el diminuto impulso descarado
de abrazarte sin que te enrosques.

viernes, 6 de diciembre de 2013

Soliloquios nocturnos

Me vas a matar,
me vas
a amar una mañana
que no llega.
Me vas a ver volver un día de éstos
en los trenes que partieron
en invierno.
Me vas a reprochar
muy tarde
el reproche que no di
porque no supe.
Me vas a oír nombrar a las alondras
que una vez nombraron
la distancia.
Me vas a ver -una noche amarilla-
a los ojos
y yo veré algún rostro envejecido.
Me vas a invocar de pronto
en el espanto
y yo andaré regándolo de flores.
Me vas a decir
después
en el olvido,
que ya aprendimos a volar del pasado.
Y luego,
taciturno como entonces,
no sabrás quién
apagó la luz en el cielope.