La forma de no mirarte mientras mirás (para otro lado)
[No es mucho lo que tengo para darte, mirá. /Epifánico silencio/]
(2011)
lunes, 18 de septiembre de 2017
viernes, 14 de julio de 2017
Terror
Me da terror saber que todos mis libros están incompletos. Quiero decir, es esa incertidumbre de piratería, de cuántas páginas le faltan o le sobran, de saberlos manoseados por el mundo. Y después, qué más da? Es la manía de corroborar en todos los sitios que nadie me ha engañado, que yo misma no me he engañado o que no me he dejado engañar, que el editor y el autor no me traicionarían, que el traductor no imprime entre líneas una sutilísima bajada de línea dando un giro, o medio giro, o un tercio al sentido primogénito del pequeño o no pequeño monstruo. Y al final, la cabeza gacha, inclinada como si contemplara el plexo solar que interfiere en la polisemia de toda obra. Me da terror, tengo la certeza de que ninguno de mis libros está completo. Quiero decir que me da terror saberme responsable de tener que completarlos.
domingo, 16 de abril de 2017
Escuchar todos los discos
La verdad está en tus ojos.
desde la última canción a la primera.
Armonizar la existencia
desde el impulso hasta el latido.
Reaprender que la falta
es del verbo
y no de la belleza.
Sentir esta revolución miedo,
felicidad creciendo,
si se deba llamar amor,
no importa ansiedad.
La verdad está en tus ojos.
sábado, 15 de abril de 2017
La rabia emblema
15 de abril de 2013
Me desbordan la rabia y la impotencia. Nunca me había visto en el espejo una mueca tan fría y despiadada de asco, de todo lo que puedo hacer ante la impunidad, de espanto ante toda injusticia. La piel erizada, un nudo en el pecho, la cabeza a mil. Ojoscristales. Qué sangre correrá esta noche? Qué sangre correrá mañana? Qué sangre está corriendo ahora? Qué sangre hace cinco minutos? Sin duda la sangre derramada siempre es la del pueblo. Nuestros verdugos gozan de la indulgencia de algún otro hijo de puta que se olvidó de nosotros. Frené mi monografía. Qué ganas tengo ahora de hablar de la apropiación y el ejercicio de la violencia? Seguramente me queden pocas ganas de luchar por mi, porque el tiempo de la historia no es el mismo que nos toca a cada uno. En cuánto tiempo puede hacerse una revolución? Minutos, horas, días, semanas, meses? Cuál es el cambio de base que tan ciega y pelotuda no puedo ver? Cuántos putos cambios se pueden hacer en un país sin justicia? Y en uno sin educación?
Quiero que todos mis amigos y enemigos me detengan si un día intento dar respuesta a alguna de todas mis preguntas. Éstas no son ni las primeras. Quiero que me detengan, sí. Porque cuando creemos encontrar una respuesta, es en ese mismo instante cuando debiéramos reinaugurarla e intentar responderla otra vez. Una respuesta cierra el campo de batalla, calla a la lucha, toda acción posible muere con la respuesta. Las úlceras que me regaló mi estómago por no poder sostener en una mano una sola certeza, hoy es por mi celebrada. No voy a luchar jamás por mi. Los advierto a todos. Porque luchar por las injusticias que uno ha padecido es el acto más impune, el más egoísta. La lucha por uno mismo es la causa más liviana, salvarse solo es la razón más indulgente: uno puede bajar los brazos, puede hastiarse y puede reprocharse toda una vida. No quiero hoy ni nunca tener que reprocharme nada, quedarme con la amarga culpa en el sueño de no haber intentando cambiar un poquito las cosas. La única lucha válida desde este momento para mi, es la lucha por todos, por los que vienen detrás de mi. Por esos quiero luchar. Que mi cabeza sea pisada con el orgullo de que ninguna cabeza sea pisada nunca más, quiero que ese sea mi emblema.
Me desbordan la rabia y la impotencia. Nunca me había visto en el espejo una mueca tan fría y despiadada de asco, de todo lo que puedo hacer ante la impunidad, de espanto ante toda injusticia. La piel erizada, un nudo en el pecho, la cabeza a mil. Ojoscristales. Qué sangre correrá esta noche? Qué sangre correrá mañana? Qué sangre está corriendo ahora? Qué sangre hace cinco minutos? Sin duda la sangre derramada siempre es la del pueblo. Nuestros verdugos gozan de la indulgencia de algún otro hijo de puta que se olvidó de nosotros. Frené mi monografía. Qué ganas tengo ahora de hablar de la apropiación y el ejercicio de la violencia? Seguramente me queden pocas ganas de luchar por mi, porque el tiempo de la historia no es el mismo que nos toca a cada uno. En cuánto tiempo puede hacerse una revolución? Minutos, horas, días, semanas, meses? Cuál es el cambio de base que tan ciega y pelotuda no puedo ver? Cuántos putos cambios se pueden hacer en un país sin justicia? Y en uno sin educación?
Quiero que todos mis amigos y enemigos me detengan si un día intento dar respuesta a alguna de todas mis preguntas. Éstas no son ni las primeras. Quiero que me detengan, sí. Porque cuando creemos encontrar una respuesta, es en ese mismo instante cuando debiéramos reinaugurarla e intentar responderla otra vez. Una respuesta cierra el campo de batalla, calla a la lucha, toda acción posible muere con la respuesta. Las úlceras que me regaló mi estómago por no poder sostener en una mano una sola certeza, hoy es por mi celebrada. No voy a luchar jamás por mi. Los advierto a todos. Porque luchar por las injusticias que uno ha padecido es el acto más impune, el más egoísta. La lucha por uno mismo es la causa más liviana, salvarse solo es la razón más indulgente: uno puede bajar los brazos, puede hastiarse y puede reprocharse toda una vida. No quiero hoy ni nunca tener que reprocharme nada, quedarme con la amarga culpa en el sueño de no haber intentando cambiar un poquito las cosas. La única lucha válida desde este momento para mi, es la lucha por todos, por los que vienen detrás de mi. Por esos quiero luchar. Que mi cabeza sea pisada con el orgullo de que ninguna cabeza sea pisada nunca más, quiero que ese sea mi emblema.
viernes, 24 de febrero de 2017
Igual amanece
Soy el aroma indeseable
que comparte la sábana contigo;
soy vino y tabaco,
el espasmo,
una suerte de inspiración del ronquido.
No soy ni seré alivio.
Quisiera saber el mapa de tu cuerpo,
tus lunares milímetro a milímetro.
Apenas soy digna de tu falta de confianza
y me repugna
esta búsqueda sedienta
que desencuentra
encontrando otra vez pérdidas:
las voces,
la sola posibilidad del amor triste y breve de una noche,
la vigilia o el insomnio
-ya da igual, siempre amanece-
otra vez
y para siempre.
que comparte la sábana contigo;
soy vino y tabaco,
el espasmo,
una suerte de inspiración del ronquido.
No soy ni seré alivio.
Quisiera saber el mapa de tu cuerpo,
tus lunares milímetro a milímetro.
Apenas soy digna de tu falta de confianza
y me repugna
esta búsqueda sedienta
que desencuentra
encontrando otra vez pérdidas:
las voces,
la sola posibilidad del amor triste y breve de una noche,
la vigilia o el insomnio
-ya da igual, siempre amanece-
otra vez
y para siempre.
Dolor-mueca-malrecuerdo
Escarbo un dolor,
apenas puedo encontrarlo,
apenas puedo
ponerle un nombre
que sé y que vagamente olvido.
Escarbo mi dolor
entre otros viejos dolores,
sólo creo que
no lo encuentro
ni lo nombro,
no puedo decirlo en el recuerdo.
Es, dolor, que me has dolido tanto,
que el dolor anestesia
es otras veces olvido.
El dolor que aún no sano
se revuelca
en mi lecho anonimato
para decirme
que aunque no pueda nombrarlo
todavía duerme conmigo.
apenas puedo encontrarlo,
apenas puedo
ponerle un nombre
que sé y que vagamente olvido.
Escarbo mi dolor
entre otros viejos dolores,
sólo creo que
no lo encuentro
ni lo nombro,
no puedo decirlo en el recuerdo.
Es, dolor, que me has dolido tanto,
que el dolor anestesia
es otras veces olvido.
El dolor que aún no sano
se revuelca
en mi lecho anonimato
para decirme
que aunque no pueda nombrarlo
todavía duerme conmigo.
sábado, 4 de febrero de 2017
Hablemos
Hablemos de insomnio, de cómo se nos pasan las horas pensando en la receta mágica, hablemos del sistema opresor y de cómo mandaríamos todas sus reglas a la mierda. Hablemos de cómo seríamos amor hasta pasado mañana y de cómo haríamos la revolución aunque el entusiasmo nos dure tres semanas. Hablemos de libertad, de dar la vuelta al mundo sin la tarjeta de crédito de papi, hablemos de la zona de confort en que vivimos y de lo desdichados que fuimos por salir a laburar antes de salir a vivir. Hablemos de lo boludos que nos sentimos cuando nos dimos cuenta que podíamos vivir igual y que fuimos unos nenes de pecho cuando culpamos al sistema. Y lloremos otra vez por el sistema desigual y por nuestra falta de cojones. Y sigamos hablando de ganarse la vida desde el arte y con el arte. Hablemos de filosofía barata y de los zapatos de goma de Charly niño prodigio al piano con cinco años pero de familia "acomodada" y doble apellido. Hablemos de mi querido Cabral, borracho, presidiario, muerto de hambre y embajador de la paz. Hablemos de la miseria como título nobiliario desde el lugar de alguien que no pasó un puto frío durmiendo en la calle. Hablemos de ser algún día algo más que la misericordia asquerosa que nos heredó el cristianismo que nos mecía la cuna capitalista salvaje. Hablemos de vender pan relleno en el parque. Hablemos de tus amigos hippies que malabarean en el semáforo para ganarse la vida. Hablemos de tus otros amigos que son felices al pie del Uritorco con la herencia del abuelo. Hablemos de la educación media mediocre que no te dio las herramientas que necesitabas para saber qué carajo querías ser cuando te escupieron al sistema con el verso de que tu vida era tuya y había que elegir. Hablemos de la aún más patética instrucción de la educación superior y de los desafortunados genios de oficio que no tienen un papel que los avale en el mundo de las estampitas certificadoras. Hablemos, pero hablemos de algo que nos haga temblar de estupor, de ansiedad, de miedo, de bronca, de pasión o de angustia, hablemos de algo que nos corra por la sangre rabiosa porque buscamos identidad. Hablemos porque atrás de ese discurso estamos nosotros, y por contraste los otros.
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