Desde que volví que vengo escuchando ruidos raros. Uno curiosamente prefiere pensar siempre algo un poco más terrible que lo que sorpresivamente se cuece en los lugares más recónditos de la propia casa. Cuando llegué hoy de la calle se me ocurrió espiar en el lavadero y la intuición unas pocas veces falla.
Adentro del balde que está abajo de la batea (batea, linda palabra que me recuerda a la abuela) había algo. Sí, había algo ahí, algo vivo y atolondrado, algo negro y enorme. Las sombras multiplican los tamaños de las cosas. Cuando miré por primera vez preferí tener miedo, eso sería un ratón grandísimo y entonces la atolondrada sería yo esta vez, zapateando por toda la cocina.
Elegí la curiosidad y me acerqué sigilosa. Era un pajarito el atolondrado por el miedo. Un pajarito hermoso y asustado, adentro de mi balde. Tenía un pico negro y puntudo que no asustaba a nadie. Le quise dar unas semillitas de comer al invitado antes de devolverlo al mundo y se resistió, cuando lo miré de cerca vi que tenía una patita lastimada. El amor a veces es torpe, yo no lo sabía curar.
Le quise tomar una foto, después se me ocurrió que alargaría su encierro y preferí llevarlo a la terraza. Cuando subimos, salió del balde con torpeza, caminó un poco con su chuequera risueña, se acercó hasta la reja y voló hasta el árbol más próximo. Yo liberaba un avecita por primera vez en la vida. Cuando lo descubrí, la intuición me mandó a silbar como los bichos feos. Cuando pregunté por mi visitante me dijeron que era un benteveo. Sí, la intuición unas pocas veces falla, el pajarito me miraba con terror pero sabía que yo hablaba su idioma.
Lo más extraño fueron los minutos después de su partida. Quiero decir que el pajarito se llevó toda la tristeza y me dejó a cambio una sonrisa. Supongo que es la misma sonrisa que cuando se siente la libertad. Quise pensar también de qué azarosa manera habría llegado el pajarito hasta allí, cuánto tiempo había pasado desde su llegada o desde mi partida. Después me acordé del cuadernito que me regalaron mis amigos Mau en mi último cumpleaños. En la tapa tiene un pajarito hermoso y encima de él dice "Llenemos el mundo de amor". El amor a veces es torpe pero en este mundo ningún pajarito llega por azar.
martes, 22 de abril de 2014
domingo, 13 de abril de 2014
Sea
¿Puede ser noble el corazón de un hombre?
¿Puede ser noble el corazón de un hombre cansado?
¿Puede ser noble el corazón de un hombre cansado de amar?
¿Puede ser noble el corazón de un hombre cansado de amar al
mundo que no sabe?
¿Puede ser noble el corazón de un hombre cansado de amar al
mundo que no sabe amar?
¿Que no sabe amar?
¿Puede ser noble?
Cansado de amar puede ser noble.
¿Puede?
Un hombre cansado de un mundo que no sabe.
No sabe que puede ser noble y mundo.
Sabe que puede ser y amar, cansado.
Cansado puede ser noble. ¡No sabe amar!
Amar no sabe y puede.
Ser noble puede. Y no sabe el corazón.
Puede amar, puede que no sabe amar,
y cansado el mundo, y cansado el hombre,
¿puede ser noble el corazón?
lunes, 17 de marzo de 2014
El funeral de la risa
Es toda la angustia otra vez en la almohada, en los párpados
cansados, en la casi lágrima, en la casi búsqueda, en mi casi sonrisa de
cordialidad de oficina. Es otra vez toda la angustia, y la furia. Es otra vez
esta manía de puños cerrados y de pasos solitarios. Es este juego de sombras
multiplicado, de sol que no sana las penas. Es este miedo sin nombre ni objeto
que llamo mío. Es esta botella de vino en un mueble que sigue sin abrir porque
no hay con quién brindar, o lo que es peor, porque no hay por qué. Y este
recuerdo de todos los trenes en los que huí del amor y los amantes. Es esta
carta dada vuelta que evoca a esa carta que me dejaste entre las frutas de la
mesa y que ni la mudanza me devolvió. Es eso de irse siempre y no tener a dónde
volver. Y es mirar otra vez a las esquinas que fueron horizonte de mi barrio.
Es esa ventana, la de ese balcón que me vio tantas noches bailar hasta lograr
los pies negros para ganarle a la tristeza. Y es la copa de ese árbol que me
dejó un poco de verde entre el gris del asfalto para hacerme creer en la fuerza
de la vida. Es eso que no le dije a nadie y que ensayé frente al espejo ya mil
veces. Es otra vez la escena de mis sueños en la que le explico a mi jefe las
cosas por última vez. Y es también esto de querer salir corriendo hasta tus
brazos o hacia unos brazos cualquiera que me aprieten fuerte un buen rato para
que en el suspiro que hay después se vaya toda la impotencia. Es el imperioso
deseo de mandar a todos los cobardes a la mierda y de no tener que irme con
ellos. Es todo lo insoportable del peso de saber que no hay un dios ni un
destino al que culpar. Y el escalofrío de las hojas en blanco que no pude
llenar con otra cosa. Es la rabia del boceto que se tiñe de fracaso y otra vez
la puta suerte de no saber qué escribir. Es toda la sangre que hierve nada más
que para seguir alimentando una rutina cada vez más histriónica y absurda. Y
después, una mañana anhelada que nunca se sabe cuándo llega, amanecer
sonriéndole al olvido; al olvido de toda esta peste. Y celebrar la vida, y
también la muerte. Pero sobre todo a la muerte. Mentiría el que dijera que la
risa no le ha costado un funeral.
domingo, 16 de marzo de 2014
Madrugada
Ahora tiemblo como un niño.
Al que madruga la felicidad lo ayuda,
nuestro dios flagelo de un cobarde
no escucha tus plegarias hoy.
Y esto
y mucho
y no te puedo mirar a los ojos.
No amanece y es tarde.
Un pollo en un patio sueña con volar
y se consagra al spiedo.
No te expliqué,
son las terrazas que se quedaron en una noche.
Son todas las palabras que no te puedo decir
que no voy a decir
y el diminuto impulso descarado
de abrazarte sin que te enrosques.
Al que madruga la felicidad lo ayuda,
nuestro dios flagelo de un cobarde
no escucha tus plegarias hoy.
Y esto
y mucho
y no te puedo mirar a los ojos.
No amanece y es tarde.
Un pollo en un patio sueña con volar
y se consagra al spiedo.
No te expliqué,
son las terrazas que se quedaron en una noche.
Son todas las palabras que no te puedo decir
que no voy a decir
y el diminuto impulso descarado
de abrazarte sin que te enrosques.
viernes, 6 de diciembre de 2013
Soliloquios nocturnos
Me vas a matar,
me vas
a amar una mañana
que no llega.
Me vas a ver volver un día de éstos
en los trenes que partieron
en invierno.
Me vas a reprochar
muy tarde
el reproche que no di
porque no supe.
Me vas a oír nombrar a las alondras
que una vez nombraron
la distancia.
Me vas a ver -una noche amarilla-
a los ojos
y yo veré algún rostro envejecido.
Me vas a invocar de pronto
en el espanto
y yo andaré regándolo de flores.
Me vas a decir
después
en el olvido,
que ya aprendimos a volar del pasado.
Y luego,
taciturno como entonces,
no sabrás quién
apagó la luz en el cielope.
me vas
a amar una mañana
que no llega.
Me vas a ver volver un día de éstos
en los trenes que partieron
en invierno.
Me vas a reprochar
muy tarde
el reproche que no di
porque no supe.
Me vas a oír nombrar a las alondras
que una vez nombraron
la distancia.
Me vas a ver -una noche amarilla-
a los ojos
y yo veré algún rostro envejecido.
Me vas a invocar de pronto
en el espanto
y yo andaré regándolo de flores.
Me vas a decir
después
en el olvido,
que ya aprendimos a volar del pasado.
Y luego,
taciturno como entonces,
no sabrás quién
apagó la luz en el cielope.
domingo, 10 de noviembre de 2013
Insolencia
No dejé un rincón por revolver.
En cada uno de ellos invoqué tu nombre
o nombré a la ausencia,
no lo sé.
Todavía recuerdo la forma en que habías
arrancado ese papel,
desesperadamente,
casi como el amor
o bastante parecido.
No dejé un rincón por revolver
y en la insolencia del recuerdo
escucho tus canciones.
Ningún libro habla de vos esta noche
aunque los dos sabemos
que un tercio de eso fue suficiente antes
para encontrar el verbo justo
en una noche de lágrimas y whisky.
No dejé un rincón por revolver,
ves lo que digo?
La casa está revuelta por el tedio.
Es casi insoportable asistir
a las burlonas almohadas
que todavía conservan
el perfume de tu pelo.
Y los rincones se pueblan del eco
de aquellos silencios en los que
sin hablar
supimos
decirnos todo
y
tanto
más.
En cada uno de ellos invoqué tu nombre
o nombré a la ausencia,
no lo sé.
Todavía recuerdo la forma en que habías
arrancado ese papel,
desesperadamente,
casi como el amor
o bastante parecido.
No dejé un rincón por revolver
y en la insolencia del recuerdo
escucho tus canciones.
Ningún libro habla de vos esta noche
aunque los dos sabemos
que un tercio de eso fue suficiente antes
para encontrar el verbo justo
en una noche de lágrimas y whisky.
No dejé un rincón por revolver,
ves lo que digo?
La casa está revuelta por el tedio.
Es casi insoportable asistir
a las burlonas almohadas
que todavía conservan
el perfume de tu pelo.
Y los rincones se pueblan del eco
de aquellos silencios en los que
sin hablar
supimos
decirnos todo
y
tanto
más.
miércoles, 16 de octubre de 2013
Cadáver exquisito de una noche de primavera de octubre 15 de un año cualquiera
Una vez, otra vez y otra vez. Un futuro presuroso está tentándote.
Necesitamos el uno del otro, no hay dudas...
Casi puedo presentir que tu mirada me asecha, cuando de todos los demonios escogemos tu angustia. Te amo como me cuesta respirar, no negocio el precio de encontrarte, pero escondete por favor de mi mundo.
Siempre. Sí. Siempre. Antes que sea tarde por favor...
Y se pudre mientras tanto la inocencia o es la crudeza que tiende sus hijos a la estaca absurdamente pariendo el mundo.
O con estos ojos agudos acaso pretendo seducir con la mancha impoluta de la miseria a las crueles polleras de la muerte.
(Raskolnikov, G. y Jacinta)
Necesitamos el uno del otro, no hay dudas...
Casi puedo presentir que tu mirada me asecha, cuando de todos los demonios escogemos tu angustia. Te amo como me cuesta respirar, no negocio el precio de encontrarte, pero escondete por favor de mi mundo.
Siempre. Sí. Siempre. Antes que sea tarde por favor...
Y se pudre mientras tanto la inocencia o es la crudeza que tiende sus hijos a la estaca absurdamente pariendo el mundo.
O con estos ojos agudos acaso pretendo seducir con la mancha impoluta de la miseria a las crueles polleras de la muerte.
(Raskolnikov, G. y Jacinta)
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